“Yo Prefiero el Agua” | WWF

“Yo Prefiero el Agua”

Posted on
04 septiembre 2018


El sol cae sobre el Valle de Sibudoy, en el suroeste de Colombia, mientras vamos por el camino de tierra de regreso a la casa de Doña Blanca Criollo. Después de visitar varias propiedades vecinas, Doña Blanca se detuvo el resto de la tarde para mostrarnos la hectárea de tierra donde cultiva granadilla. Entra y sale animada de su casa y nos invita a pasar, pues hay café y cancharinas frescas.
 
Nos quitamos las botas enlodadas y la seguimos hasta la cocina en la parte de atrás, un cuarto amplio y abierto con paredes de ladrillo que su esposo y ella acaban de anexar al resto de la casa. Es un espacio cálido, sobre todo ahora que el viento se enfría afuera. Nos muestra con entusiasmo el lavaplatos metálico recién instalado en el mesón de la cocina. Por primera vez, Doña Blanca puede traer, por medio de una tubería, agua limpia desde el manantial de su predio hasta su cocina nueva.
 
El lavaplatos representa años de esfuerzos de reforestación para recuperar el manantial del que Doña Blanca y su familia dependen. Aunque el valle ha sido cultivado por sus habitantes durante siglos, en las últimas décadas la intensificación de la ganadería de pequeña escala ha resultado en la deforestación de gran parte de la zona y la contaminación del sistema hídrico local. Algunos predios vecinos en esta ladera han perdido sus recursos naturales al punto del agotamiento y tardarán muchos años en recuperarse.
 
Cuando doña Blanca se cansó de gastar varias horas al día potabilizando el agua del manantial de su tierra para que su familia la pudiera consumir tranquilamente, decidió impulsar cambios que impactarían el paisaje a su alrededor. Y con esa meta en mente encontró en WWF un socio comprometido.
 
Doña Blanca conoció el trabajo de WWF en 2010 por medio de los esfuerzos de la organización para ayudarle a pequeños productores a adoptar métodos de ganadería más amigables con el medio ambiente y a cambiar el uso del suelo para evitar, mitigar y adaptarse a los impactos del cambio climático. WWF trabaja con pequeños productores en la región del Valle de Sibundoy, brindando capacitaciones y promoviendo ejercicios de ordenamiento territorial al nivel microcuenca – por finca. Como Doña Blanca, WWF sabe que la región es un lugar especial, hogar de animales y hábitats que sólo se pueden encontrar en los valles y laderas entre los Andes y la Amazonía.
 
Apoyándose en el trabajo de WWF, el gobierno municipal empezó un programa de reforestación. Doña Blanca vendió sus vacas y utilizó el dinero para sembrar granadilla, una enredadera de la familia del maracuyá, y liberó así la mitad de su terreno para plantar árboles del vivero municipal sin sacrificar su sustento. A partir del segundo semestre del 2011, ya crecían nuevos retoños en la parte superior del predio.
 
En los años siguientes, WWF apoyó a Doña Blanca y a varios de sus vecinos en la microcuenca a través de programas para el fomento de capacidades. Parte del programa es el resultado de una colaboración entre WWF y la autoridad ambiental regional, CORPOAMAZONIA, para llevar a cabo un proyecto piloto de pagos por servicios ambientales. El proyecto ha evolucionado desde entonces y ahora incluye capacitaciones en el uso de métodos amigables con el medio ambiente para el control de pestes y la recuperación del suelo que permite la regeneración natural.
 
Todo el trabajo valió la pena. Esa misma tarde, algunos de nosotros atravesamos el alambrado alrededor del predio boscoso de Doña Blanca para poder ver con nuestros propios ojos un manantial saludable.
 
Es un sitio lodoso y sereno. La burbuja de agua silenciosa y el viento que sopla las hojas sobre nuestras cabezas calma la adrenalina que viene al esquivar el alambre de púas o evitar una caída en la pendiente húmeda. Sin afectar la boca natural del manantial, Doña Blanca ha colocado una malla para evitar que las hojas y las flores entren al agua. También ha instalado una serie de mangueras que llevan agua hasta su casa e inclusive un pequeño tanque cubierto. El agua que no entra a las mangueras sigue su cauce natural hacia el valle, lentamente cavando una zanja en la ladera. El manantial provee de esta manera a las casas y riachuelos cuesta abajo.
 
Pero no todos los vecinos de Doña Blanca están convencidos. La ganadería es un eje central de su identidad y su sustento y muchos de ellos le han dedicado la vida entera – y la tierra de la familia – a la industria. De las 22 familias que habitan esta microcuenca, 10 se rehúsan a participar en cualquier tipo de programas para el uso sostenible del suelo.
 
En el camino de regreso a la camioneta, recorremos el extremo de un predio tan degradado que apenas puede soportar el pasto. Tiene cicatrices profundas y secas marcando los manantiales que perdieron vida cuando el ganado sustituyó el bosque. Vemos el contraste marcado entre estas cicatrices y la tranquilidad del bosque de Doña Blanca y recordamos el papel central que los bosques juegan en el bienestar de los ecosistemas.
 
Esta tarde nublada nos sentamos en el pasto junto a su bosque y Doña Blanca reconoce que el proceso no ha sido siempre fácil y que aun falta mucho por hacer para poder convencer a los últimos renegados que deben cambiar sus métodos. Después de un minuto en silencio – quizás analizando las dificultades del proceso – termina su pensamiento enfáticamente, “pero yo prefiero el agua”.

-------

Suscríbete a nuestro boletín de noticias:
 
Recibirás información sobre nuestros proyectos y campañas.