Aves migratorias, alas para grandes vuelos | WWF

Aves migratorias, alas para grandes vuelos

Posted on
09 mayo 2020


En el Día mundial de las aves migratorias hacemos un llamado urgente a la conservación de playas, esteros, manglares, humedales, bosques y otros ecosistemas que son refugios para estas viajeras que acumulan millas sin tiquetes ni pasaportes.


La importancia de migrar


Con 1.954 especies reportadas, Colombia es el país más rico en aves del planeta y por esta razón, es considerado como el destino favorito para quienes practican el aviturismo. Son los pajareros, personas de cualquier edad, género o profesión conectados por la pasión de observar aves.

Aunque la mayoría de aves de nuestro país permanecen en las mismas zonas durante toda su vida y se desplazan para alimentarse o anidar, existen otras especies que han desarrollado adaptaciones que les permiten recorrer grandes distancias y utilizar distintos hábitats a lo largo del ciclo anual. Se trata de las migraciones, aquellos desplazamientos que algunas aves realizan -entre su lugar de reproducción y otras locaciones- de forma innata y cíclica en temporadas fijas del año; se mueven para buscar alimento, refugio y descanso.

Según la Guía de las especies migratorias de la biodiversidad en Colombia, el 14,5% de las aves en el país son migratorias y de esas, al menos, 154 especies provienen de Norteamérica en busca de alguna playa, estero, humedal o bosque donde puedan alimentarse y descansar por unas horas o varios meses.

Por eso, lugares como la Ciénaga Grande de Santa Marta (sitio RAMSAR), la vía parque Isla de Salamanca, las sabanas inundables del Orinoco y los Andes colombianos, entre otras zonas del país, son de gran importancia para las aves migratorias.

Pero no son simples visitantes. En realidad, las aves tienen roles específicos en los ecosistemas que ocupan durante la migración. La presencia de aves, incluidas las migratorias, es un indicador de la buena salud de un ecosistema: los bosques tropicales nativos reciben más visitantes que los hábitats intensamente intervenidos y manejados, como las plantaciones o los monocultivos.

Además, en sus lugares de origen, las especies de aves que migran tienen más posibilidades de éxito en su supervivencia que aquellas que permanecen cuando llega el invierno y los recursos se reducen.
 

Existen diferentes tipos de viajes migratorios


Se clasifican en tres categorías según la cobertura geográfica que abarquen. La primera aborda la migración altitudinal, asociada al cambio de elevación de la especie (de un piso térmico a otro). Es el caso de la quincha de Soatá (Amazilia castaneiventris), un colibrí que se desplaza entre los 120 y 2.200 metros de elevación y solo se encuentra en Colombia. Esta especie está catalogada en la lista roja de la UICN como “en peligro crítico” por la pérdida de su hábitat.

El segundo tipo es la migración horizontal, más grandes pero en la misma franja de latitud; como sucede con algunas aves acuáticas de los Llanos orientales que se mueven al ritmo de los regímenes de lluvia y de sequía en la región.

Y están las migraciones más espectaculares, conocidas como migraciones latitudinales, porque implican desplazamientos entre continentes. Usualmente, las aves migratorias que las realizan, viajan poco antes o cuando inicia el invierno boreal (al norte) o austral (al sur).

Así sucede con el pato careto o canadiense (Anas discors), que viaja 8.000 kilómetros desde Canadá y Estados Unidos hacia Suramérica, o el gavilán aliancho (Buteo platypterus platypterus) que puede recorrer casi 9.000 kilómetros desde el sur de Canadá hasta el norte de Bolivia.
 

¿De dónde vienen las aves que llegan a Colombia?


Se han identificado tres grandes rutas de distribución que provienen de Norteamérica. Algunas aves tienen rutas centroamericanas, otras viajan por el golfo de México y llegan especialmente al Caribe y también está la ruta del Atlántico, que entra a Suramérica por las Guayanas y Venezuela, desde donde algunas bordean el litoral hasta entrar a Colombia.

Además, están las migraciones australes desde el sur y el centro de Suramérica, sobre todo a través de la Amazonia, pero han sido menos estudiadas. Ese es el caso del elaenia austral o fiofío grande (Elaenia spectabilis), originaria del norte de Argentina y Uruguay, el sur de Bolivia y de Paraguay y del este de Brasil que, en el invierno del sur, se desplaza hacia el norte de Suramérica y llega hasta el Vaupés, en la Amazonia colombiana.


Migraciones amenazadas


Pero, piensa por un momento lo que significa emprender un viaje de más de 8000 kilómetros solo con lo que llevas puesto, desplazándote con poca comida y ‘huyendo’ de las bajas temperaturas. Anhelando el calor de una playa o un estero y una vez allí, te das cuenta que ese lugar ya no existe. Esto les sucede a muchas aves migratorias cada año.

Entre las grandes amenazas que enfrentan, se encuentran la destrucción y alteración de sus hábitats (playas, esteros, manglares, humedales y bosques, entre otros) por la deforestación y la construcción de infraestructura. También se suma la contaminación del agua y los suelos por uso de pesticidas y herbicidas, entre otras sustancias tóxicas. Pero, además, la cacería en algunas regiones donde entran en conflicto con humanos o existen creencias y tabúes asociados a alguna especie, ponen en más aprietos a las especies.

Te invitamos a conocer más sobre de estas viajeras incansables. Es un primer paso para que contribuyas en su conservación; en palabras del director de conservación y gobernanza, Luis Germán Naranjo: “quienes gustan de las aves no quieren comprarlas para tenerlas en una jaula, las quieren ver en su hábitat natural”.