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Fortalecer la identidad y la memoria: el logro de los comunicadores comunitarios
Para las comunidades, la comunicación es un lazo que une, inspira, reconoce y sostiene la vida.
Desde esa raíz nacen los relatos que muestran la biodiversidad, la vida comunitaria, los saberes, la atención a los cambios del clima, la organización y la historia. Foto: Catalina Castro / WWF Colombia
La comunicación es autonomía, memoria, belleza, encuentro. Es raíz y una raíz, cuando está viva, no solo sostiene: también nutre y defiende.
Para las comunidades de muchos territorios, la comunicación no es una técnica ni un oficio especializado: es un modo de vivir. Se camina, se escucha, se comparte y se teje con la misma naturalidad con la que se siembra o se conversa en la cocina.
Esa idea apareció una y otra vez, no como concepto, sino como experiencia. Las voces de mujeres, jóvenes, sabedores, líderes y comunicadores, coincidieron en que comunicar desde el territorio es sostener la vida misma. La evidencia quedó marcada en el Encuentro de Comunicación Propia y Gobernanza del proyecto Territorios de Vida – BENGO realizado la comunidad de Sabanita en Guainía.
Fotorreportaje: Artesanías: un medio de vida para las mujeres en Guainía.
El tejido que une memoria, identidad y camino
Cuando las comunidades comenzaron a responder qué significa la comunicación para ellas, hubo dibujos, frases y recuerdos. No surgieron definiciones técnicas, sino imágenes que nacen de la experiencia: la comunicación como lazo que une, como chispa que inspira, como memoria que no se deja apagar. Para muchas personas, comunicar es reconocerse y reconocer a los otros; es recordar que la identidad se alimenta día a día.
Algunos recordaron cómo los abuelos se apoyaban en herramientas tradicionales para avisar, acompañarse o preservar la lengua. Otros hablaron de la comunicación como un “centro de intercambio de pensamientos”, un espacio donde lo que uno siente se encuentra con lo que siente la comunidad. En ese acto cotidiano, sencillo y profundo, la comunicación se convierte en raíz cultural, en fuerza espiritual y en puente que mantiene unida a la comunidad.
Desde esa raíz nacen los relatos que muestran la biodiversidad, la vida comunitaria, los saberes, la atención a los cambios del clima, la organización y la historia. Contar lo propio —con cámaras, dibujos, lengua ancestral, videos o conversaciones— permite que la comunidad se escuche a sí misma y se mantenga despierta ante lo que la rodea.
La comunicación sostiene al territorio
Una idea empezó a tomar forma: la comunicación es esencial porque permite que el territorio respire como un cuerpo completo. Allí, la palabra actúa como un sistema nervioso que conecta a todos los sectores: autoridades, sabedores, parteras, líderes, jóvenes, mujeres y niños. Sin esa circulación de la palabra, la comunidad pierde cohesión; con ella, el territorio se organiza, decide y se defiende.
Durante el encuentro “Comunicación Propia y Gobernanza”, realizado en la comunidad de Sabanita, Guainía, El Cuarto Mosquetero estuvo facilitando herramientas sobre radio comunitaria.
“Para mí, la comunicación propia nos da la libertad de expresar nuestras historias, con más propiedad, sin tener obstáculos que nos impiden exponer las cosas como en realidad son”, explicó Jesús Clorado Suárez, comunicador comunitario y resalta una idea compartida: cuando la comunidad nombra lo que vive, también protege su derecho a ser escuchada sin intermediarios.
Cuando hay comunicación, la convivencia es más clara, se habla con honestidad, los conflictos disminuyen, la comunidad se mantiene unida. En contraste, cuando la comunicación falta, la organización se fragmenta y la defensa del territorio se vuelve más difícil.
Defender el territorio con la palabra propia
Entre todas las reflexiones, surgió un punto clave: defender el territorio también es defender la voz que lo nombra. Las comunidades lo saben y lo dijeron con claridad. La comunicación impide que se tergiversen las historias, que se impongan miradas externas que desconocen la profundidad de su relación con la tierra.
Para muchas personas, comunicar es reconocerse y reconocer a los otros; es recordar que la identidad se alimenta día a día. Foto: Catalina Castro / WWF Colombia
Al visibilizar sus saberes, se muestra su fuerza. Al registrar procesos, decisiones o amenazas, se fortalece la gobernanza. “La comunicación propia es llevar lo que una sabe, transmitirlo, y ser ejemplo para otras mujeres, para niñas y adolescentes que a veces sienten miedo de hablar. La comunicación les muestra que también pueden ser lideresas”, compartió Yineth durante uno de los momentos de diálogo.
La comunicación propia también es resistencia. Resistir frente al extractivismo informativo, frente a discursos que pretenden borrar lo vivido o minimizar el valor del territorio. Resistir es narrarse desde la lengua propia, desde los saberes ancestrales, desde la verdad que se construye colectivamente.
Y esa resistencia se convierte en la esperanza de que nuevos comunicadores sigan llevando la palabra adelante; de que la memoria continúe viva; de que la identidad permanezca firme aun en tiempos de presión; de que el territorio siga siendo un espacio de vida digna.
Los retos
La comunicación enfrenta desafíos. Hay necesidad de contar con más comunicadores, más herramientas y más espacios de formación. Hay dificultad de documentar todo lo que ocurre, porque el ritmo de la vida comunitaria es intenso y no siempre permite registrar cada proceso. También se mencionó la presión de narrativas externas que buscan imponer otras versiones del territorio.

Pero estos retos no se viven como obstáculos que detienen, sino como recordatorios de que la comunicación necesita cuidado, tiempo y colaboración. Por eso las comunidades continúan organizándose, formando colectivos, fortaleciendo sus capacidades y abriendo espacios donde la palabra pueda crecer.
Las voces del encuentro coincidieron en que la comunicación comunitaria ambiental no es un complemento:
Es la memoria que acompaña, el relato que orienta, el registro que defiende y el mensaje que une.
Es la forma en que el territorio se piensa y se reconoce.
Es la manera en que se protege lo que es esencial.
Es, finalmente, un acto colectivo que transforma y que permite que las comunidades sigan caminando con la palabra viva y la esperanza firme.
Bengo Territorios de Vida es una apuesta que conecta presente y futuro, tradición y tecnologías, comunidades y ecosistemas. Las historias de transformación en el Vaupés, Guainía y Vichada son testimonios del impacto tangible que se puede lograr cuando las comunidades son las protagonistas del cambio.