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Bosque Seco Chiquitano: un bosque único que conecta naturaleza, cultura y territorio
En el departamento de Santa Cruz se encuentra una de las ecorregiones más singulares de Bolivia y del mundo: el Bosque Seco Chiquitano, considerado entre los bosques secos tropicales mejor conservados y más extensos del mundo.
Si bien esta ecorregión se comparte entre Bolivia y Brasil con una extensión territorial de 22.9 millones de hectáreas, la mayor proporción se encuentra en nuestro país (16.4 millones de hectáreas; 71.6%). Sin embargo, debido al cambio de uso de suelo a gran escala que ocurre en el país vecino, de mantenerse las tendencias actuales, es probable que la ecorregión Chiquitana termine existiendo solo en nuestro país en el futuro cercano, lo cual la convertiría en una ecorregión endémica de Bolivia.

Pero la importancia del Bosque Seco Chiquitano va mucho más allá de su extensión. Su ubicación estratégica le permite cumplir una función fundamental para la conservación de la biodiversidad: actúa como un gran corredor de conectividad entre la Amazonía, el Chaco y el Pantanal, permitiendo que estos grandes ecosistemas mantengan relaciones ecológicas funcionales.
Un bosque lleno de vida
El Bosque Seco Chiquitano alberga una gran diversidad de especies de flora y fauna. Entre sus árboles se encuentran especies forestales de madera dura y alto valor (ecológico y económico), como el morado, paquió, cuchi, tarara amarilla y tipa chiquitana; de valor medicinal y gastronómico como el cusi, copaibo, motacú, ajíes silvestres entre otros.
Su riqueza también se refleja en la fauna silvestre que habita esta región. A través del monitoreo de jaguares y sus presas silvestres que realiza WWF-Bolivia, se ha podido identificar la presencia de al menos 27 especies de mamíferos medianos y grandes, registrando especies como el melero, oso bandera, oso hormiguero, ocelote, puma, jaguar, tigrillo, perrito de monte, zorro de patas negras, anta, taitetú, chancho tropero, pejichi, entre otras. Así también, se tiene evidencia de que esta ecorregión alberga alrededor de siete especies de félidos, representando el 70% de las especies de gatos silvestres citadas oficialmente para Bolivia, esto posiciona al Bosque Seco Chiquitano como hospedero de una de las mayores concentraciones de especies de félidos en Bolivia y el mundo.
Estos registros permiten conocer mejor la diversidad de especies que habitan el Bosque Seco Chiquitano y aportan información clave para comprender y conservar esta ecorregión. Cada especie cumple un rol fundamental dentro de esta compleja red de relaciones que sostiene el equilibrio y la vida en el paisaje.
Un bosque que también es cultura
Hablar del Bosque Seco Chiquitano es también hablar de las personas que lo habitan y de los saberes que se han relacionado con este territorio construyendo un vínculo dependiente entre el bosque y la gente.
La región de la Chiquitanía está conformada por pueblos indígenas como los Chiquitanos, Ayoreos, Guarayos y Guarasugwe, que mantienen conocimientos, saberes y formas de convivencia con el bosque.

Esta relación entre naturaleza y cultura forma parte de la identidad de la región. La importancia cultural del territorio también se refleja en las Misiones Jesuíticas de Chiquitos, que fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1990.
Así, el patrimonio de la Chiquitanía no está solamente en sus bosques, sus especies o sus paisajes. También está en las comunidades, sus conocimientos y en la historia que continúa construyéndose en este territorio.
Un bosque bajo presión
A pesar de su enorme importancia, el Bosque Seco Chiquitano enfrenta diferentes presiones. Entre ellas se encuentran el cambio de uso de suelo asociado a prácticas agropecuarias no sostenibles, los asentamientos humanos no planificados, los incendios forestales, el aprovechamiento forestal no sostenible, la extracción ilegal de madera, la cacería ilegal y la minería emergente.
Investigaciones recientes han demostrado que la deforestación y conversión de ecosistemas naturales se han ido incrementado consistentemente a través de la última década en la Chiquitanía, donde la agricultura cada vez cobra más espacio posicionándose junto a la ganadería como el principal factor de cambio de uso de suelo en la región; se estima que aproximadamente el 63% de la superficie de cultivos de soya de Bolivia se encuentra dentro de la ecorregión Chiquitana.
Una situación similar se presenta con relación a los incendios, donde la superficie afectada se incrementa año a año. Para el 2024, año sin precedentes en la historia de nuestro país en cuanto a afectación por fuego, de las 8.7 millones de hectáreas afectadas por incendios en Santa Cruz, aproximadamente el 49% pertenecieron a la ecorregión del Bosque Seco Chiquitano. Esta realidad convierte a la Chiquitanía en la ecorregión más amenazada por cambio de uso de suelo e incendios forestales de Bolivia.
Cuando la conservación nace desde el territorio
Pero conservar esta ecorregión también implica reconocer que las personas forman parte de él. La conservación no puede hacerse sin quienes viven y trabajan en el bosque. Por eso, WWF-Bolivia impulsa acciones junto a diversos actores locales (comunidades y autoridades indígenas, ganaderos privados, autoridades municipales y otros) buscando generar alternativas que permitan compatibilizar la producción con la conservación de la biodiversidad, al igual que la reducción de riesgos emergentes como la deforestación y los incendios forestales. Este trabajo parte de una idea fundamental: conservar el bosque es una tarea colectiva y requiere trabajar con todos los actores que forman parte del territorio.
Existen experiencias que muestran cómo las decisiones y acciones locales pueden convertirse en oportunidades para conservar el Bosque Seco Chiquitano.

En San José de Chiquitos, la comunidad de Quituquiña impulsó la protección de su territorio en el año 2024, un proceso que permitió crear el Área Protegida Municipal Bosque Pedagógico Los Piyos, con 717 hectáreas destinadas a conservar el bosque y fortalecer el vínculo de la comunidad con la naturaleza. Los Piyos demuestra que la conservación también puede construirse desde las comunidades y los gobiernos locales: protege el bosque, conserva la biodiversidad y genera oportunidades para aprender del territorio y acercar a las nuevas generaciones a la naturaleza.
En el Carmen Rivero Torrez, la creación del Área Protegida Municipal Monte Carmelo permite resguardar 87.173 hectáreas de bosque, fortaleciendo la conservación de su biodiversidad y de fuentes de agua. Además, esta área contribuye a mejorar la conectividad entre territorios de conservación de Bolivia, Brasil y Paraguay, favoreciendo la protección de especies como el jaguar.
En el Territorio Indígena Monte Verde, dos comunidades declararon al jaguar como su animal emblema entre el 2023 y 2024, comprometiéndose en la protección de la especie y su hábitat. De igual manera, bajo un modelo de gobernanza forestal comunitaria, cinco comunidades de este Territorio Indígena han fortalecido su gestión forestal desde el año 2023, aprovechando madera bajo principios de sostenibilidad en aproximadamente 30 mil hectáreas de Bosque Seco Chiquitano. En estas áreas, nuestros estudios han demostrado que el jaguar se mantiene en densidades que concuerdan con lo esperado para bosques en buen estado de conservación (entre 2 y 4 individuos/100 km2), indicando buena salud ecosistémica de bosques bajo manejo forestal.

Para cerrar, en el 2025 el municipio de Concepción promulgó la “Ley de declaratoria del jaguar como patrimonio natural del municipio de Concepción”, constituyéndose en la primera ley de protección estricta del jaguar para Bolivia y marcando un hito histórico para la conservación de grandes felinos a nivel nacional e internacional.
Del fuego a la restauración
¿Qué pasa después de un incendio?
Restaurar un bosque no significa simplemente volver a plantar árboles. Significa recuperar especies nativas, funciones ecológicas y, al mismo tiempo, generar nuevas oportunidades para las comunidades.
En el municipio de Roboré, comunidades locales están utilizando la almendra chiquitana como una Solución basada en la Naturaleza (SbN) para contribuir a la recuperación de áreas degradadas por incendios y, a la vez, generar oportunidades para las familias que viven en el territorio. Esta iniciativa trabaja con cinco comunidades indígenas: Naranjo, Santiagoma, Quitunuquiña, Yororoba y San Manuel.
Estas experiencias muestran que la conservación puede tomar muchas formas: desde proteger un área comunitaria y restaurar un bosque, hasta trabajar junto a productores y ganaderos para encontrar maneras de convivir con la naturaleza.
Un bosque, muchas formas de vida
Hoy celebramos a un territorio que conecta ecosistemas, alberga especies emblemáticas, conocimientos, saberes y culturas, y forma parte de la identidad de quienes viven en la Chiquitanía.
Conservarlo implica proteger sus especies y paisajes, pero también acompañar a las comunidades, productores, ganaderos, gobiernos locales y otros actores que toman decisiones sobre el territorio.
Porque la conservación no ocurre de una sola manera ni depende de una sola persona. Se construye desde distintos lugares, con distintas manos y con un objetivo común: mantener vivo este bosque y todo lo que depende de él.