Los Indígenas del Paraguay

Posted on
05 octubre 2020


¿Quiénes son los indígenas? Es una pregunta inquietante que, a medida que ahondamos en ella, multiplica sus aristas, convirtiéndose en un tema nacional e internacional de la mayor importancia. La existencia de pueblos indígenas sobrevivientes después de más de quinientos años de contacto con los blancos, es ya de por sí un hecho sociológico relevante. ¿Por qué no han desaparecido después de tanta persecución, desprecio, marginación y sufrimiento? ¿Por qué lograron sobrevivir a pesar de habérseles arrebatado sus tierras, sus bienes culturales, religiosos y sociales? ¿Por qué resisten aún hoy ante la avalancha de la globalización y de la homogeneización cultural que parece arrastrar a cada pueblo hacia una supuesta cultura universal?

El fantasma de la globalización cultural ha desencadenado a nivel mundial la reacción de intelectuales, filósofos y pensadores, porque está en peligro la originalidad de las diferentes culturas y sistemas de pensamiento. Las culturas se sienten amenazadas y buscan una manera de redefinir sus contenidos, de acuerdo a las pautas de cada nación, aferrándose a "lo propio", "lo genuino", "lo aglutinante" de un pueblo. Se trata de ahondar las raíces en la identidad y en la historia de cada pueblo para buscar el mejor camino de vivir en el tercer milenio, fortaleciendo la identidad colectiva de cada pueblo y buscando los canales culturales para "dar y recibir" en un paciente proceso de diálogo intercultural orientado a respetar las diferencias, enriqueciendo así el patrimonio universal de la humanidad.

En Paraguay existe un gran desconocimiento de los veinte diferentes pueblos indígenas esparcidos en aproximadamente 600 asentamientos del territorio nacional. Lamentablemente, en muchos sectores de la sociedad nacional, la existencia de pueblos indígenas es considerada una vergüenza y un atraso. El origen de semejante posición hay que buscarlo en los prejuicios atávicos y en la ideología racista que se fueron moldeando a lo largo de los siglos desde el tiempo de la Conquista. En todo este tiempo se ha intentado borrar del mapa a esos pueblos, se ha intentado deculturizarlos y asimilarlos a la cultura nacional para que se transformen y sean como los demás ciudadanos. Se ha puesto en marcha un auténtico proceso de etnocidio que afortunadamente no ha conseguido el objetivo deseado, porque los pueblos indígenas están todavía presentes en el Paraguay: viven, luchan, resisten y, por sobre todo, emergen en la vida nacional con sus peculiaridades, aportando un sinfín de valores que pueden oxigenar a nuestra sociedad, a veces desorientada y sin rumbo.

Este libro, con sus posibles fallas, pretende acercar la cultura de los increíbles pueblos indígenas del Paraguay a nuestro mundo, desde la visión de quienes se sienten mejor como activistas de los pueblos indígenas que como escritores, ya que han visto en sus mundos la solución de muchos de los males de la sociedad moderna.

La obra ofrece una descripción etnográfica de cada uno de los veinte pueblos que aún existen en el Paraguay. A tal efecto, se han utilizado investigaciones ya existentes y se ha elaborado el texto en forma clara y sencilla, para que, sin perder el rigor de la información, sea accesible a todo lector, desde el ama de casa al estudiante, desde la persona de la calle que quiere saber de la vida de los indígenas de su país, hasta el especialista. Hemos tratado de crear un material que enriquezca por igual el bagaje de conocimientos de los paraguayos y de los 
extranjeros.

El objetivo ha sido reunir en una obra textos y fotografías que muestren las peculiaridades de cada pueblo y las diferencias que las distinguen no solo en lo lingüístico sino, sobre todo, en lo cultural y en lo religioso. La obra aspira a desmitificar la idea de que todos los indígenas que vemos en el país son guaraní y que los confunde en un mismo grupo; asimismo, a clarificar la información y a acercar a la cultura de los blancos el fascinante mundo de los últimos hijos de la selva, que con sus cosmovisiones, diferentes a la nuestra, enriquecen nuestro conocimiento y prestigian nuestro acervo cultural. Se trata de un universo distinto que todavía tenemos a mano y que debemos aprovechar, de un mundo que nos brindan con generosidad -más natural, más genuino y puro-, un mundo que nos demuestra, en fin, que tenemos mucho que aprender de ellos.

El Paraguay no puede ni debe prescindir de sus pueblos indígenas. Antes bien, debe crear más espacios culturales y territoriales para promover su presencia en la sociedad nacional y proyectar un Paraguay moderno que se base en la multietnicidad y la multiculturalidad. La misma Constitución Nacional de 1992 reconoce la existencia de los pueblos indígenas como pueblos anteriores a la formación del Estado paraguayo en 1811.

El Presidente Don Carlos Antonio López, al confiscar en 1.848 las tierras y los bienes indígenas, estableció inicuas asimetrías sociales que postraron a esos pueblos y les impidieron reivindicar sus derechos territoriales sobre sus tierras ancestrales.

Más allá del importante apoyo, aunque a veces paternalista, brindado a los indígenas por las misiones religiosas de diferentes denominaciones en los tiempos modernos a partir de fines del siglo XIX, recién en la segunda mitad del siglo XX se creó en Paraguay un movimiento indigenista y antropológico capaz de bregar para que las leyes tengan en cuenta los derechos territoriales de los pueblos indígenas. Como feliz resultado de ese proceso se llegó a la promulgación de la Ley 904/81, Estatuto de las Comunidades Indígenas, que permite a éstas exigir legalmente la devolución de parte de su territorio tradicional para reproducir sus sistemas tradicionales de vida y su cultura.

En 1992, tras un trabajo capilar en todas las comunidades indígenas del país, se llegó a incorporar en la nueva Constitución Nacional un capítulo sobre los Pueblos Indígenas. Se trata del Capítulo V, constituido por seis artículos, que representa una conquista en materia indigenista a nivel continental. Lastimosamente, después de veinticinco años de vigencia de la Constitución constatamos que esos principios están lejos de ser aplicados en nuestro país.
Sin embargo, los pueblos indígenas resisten y viven. Una señal muy prometedora son las nuevas organizaciones indígenas que se están formando en los últimos años. Los indígenas dan señales de querer ser los dueños de su propio destino y tener un peso político propio probablemente independiente de los partidos tradicionales, sin intermediarios culturales-políticos, y apuntando directamente a un poder indígena que defienda sus derechos.

Este libro, de alguna manera, trata de remediar en algo el constante avasallamiento al que han sido sometidos su cultura y sus derechos desde que hace 500 años se iniciara la Conquista.

Una nota dominante de los pueblos indígenas del Paraguay es la búsqueda de nuevos contenidos culturales. Los rasgos culturales tradicionales descritos en este libro probablemente ni siquiera son conocidos por los miembros jóvenes del pueblo. Está en acción una transfiguración cultural, una apropiación de elementos pertenecientes a otras culturas con el fin de sobrevivir y fortalecerse culturalmente.

Así como la diversidad biológica es fundamental para el equilibrio del planeta, la diversidad cultural es necesaria para las sociedades modernas, pues asegura la continuidad y combate los síntomas de decaimiento de las mismas etnias. Ojalá que los paraguayos podamos sentirnos orgullosos de tener pueblos indígenas en nuestra patria y que se pueda conocer quiénes son, ya que son los más humillados y los más despreciados por una sociedad que no les valora como garantía de futuro.

A pesar de todo, nos sentimos optimistas sobre el futuro de los indígenas del Paraguay. Los instrumentos internacionales y la misma Constitución Nacional son sus mejores aliados. Además, existen personas, instituciones públicas y privadas y misiones religiosas que representan un rol muy importante en la defensa del territorio y de su sistema tradicional de vida, conforme a los principios de la autodeterminación y de la autogestión.

La finalidad principal de este libro es la de afirmar que los pueblos indígenas del Paraguay todavía existen y que nos presentan un rostro visible a través de sus múltiples presencias. Son una riqueza histórica y cultural para nuestro país y se convierten en un desafío para la sociedad nacional: que reconozca sus derechos ancestrales y se deje cuestionar en sus modelos de vida por los sanos principios sociales, éticos y políticos que desde siempre han caracterizado a esos pueblos. 

Su relación con la naturaleza, con el mundo de los espíritus, su profunda sabiduría de vida, sus conocimientos tradicionales de la medicina y de otros sectores del saber y del practicar humano son un aporte invalorable. Mientras las tecnologías modernas envenenan los cursos hídricos, desgastan y erosionan la tierra, destruyen las selvas, contaminan el aire y empujan a la población a un ritmo de vida consumista y estresante, los pueblos indígenas, silenciosa y fielmente, custodian los bienes perennes de la humanidad -los naturales y los espirituales- y son capaces de crear convivencias armónicas y pacíficas.